Con el objetivo de contribuir a la creación de comunidades energéticas, el Gobierno de Navarra abrió en 2024 las Oficinas de Transformación Comunitaria. Las comunidades energéticas están compuestas por ciudadanos y el objetivo de las oficinas es dar apoyo, asesoramiento y seguimiento a las comunidades.
En Navarra se han puesto en marcha numerosas comunidades energéticas en los últimos años, y se puede decir que la Comunidad Foral se ha convertido en un referente. En este programa de Gelditu Makinak de Naiz Irratia participan Miguel Angel Llamas ‘Pitu, miembro de REAS junto a Unai Jiménez de la Oficina de Transformación de la Comunidad de Navarra (OAC) y Asier Gutiérrez de Goiener.
La Oficina de Transformación Comunitaria es un proyecto impulsado por el Gobierno de Navarra a través de la NASUVINSA. El objetivo principal es empoderar a la ciudadanía en la transición energética a través de las comunidades energéticas. Ya hay 6 viveros en Navarra y se coordinan con la Oficina de Transformación que trabaja la comarca de Pamplona. Por lo tanto, en total, hay 8 técnicos en Navarra. Pero ¿por qué han aumentado más en Navarra que en otras comunidades?. Jiménez indica que “el Parlamento de Navarra ha aprobado una ley foral que da un marco legal a las comunidades energéticas. Es el primero a nivel del Estado español y, además, a través de los centros monetarios europeos el IDAE (Institulo para la diversificación y Ahorro de la Energía) ha impulsado oficinas como la nuestra “.
No es un trabajo cualquiera el que realizan estas Oficinas de Transformación Comunitaria (OCE). Entre los retos están cambiar el modelo de uso de la energía, dar a conocer el concepto de comunidad energética, promover un consumo responsable y consciente o situar a las personas en el centro y fomentar la colaboración entre sus iniciativas.
La comercializadora Goiener está volcada en promover la creación de comunidades energéticas. Asier Gutiérrez tiene claro que estas comunidades “son una herramienta importante para ayudar a la ciudadanía a empoderarse y a poner a la ciudadanía en el centro en materia energética”. La acción ha dado resultados y, según los datos difundidos por la OCE de Navarra, hay 27 comunidades en la Comunidad Foral, que agrupan a 1160 socios. Los entrevistados también han precisado que son decenas los grupos que están en vías de registrarse como comunidad energética y que están trabajando en ello.
Ni Unai ni Asier carecen de argumentos para defender a las comunidades energéticas, ya que la oferta de las multinacionales energéticas es muy diferente a la que ofrecen las comunidades. Para empezar, como dice Jiménez: “El modelo de comunidad energética es comunitario. Parte de las necesidades y oportunidades y pueden llevar adelante diferentes proyectos: Autoconsumo compartido, proyectos de movilidad sostenible, gestión de recursos energéticos, eficiencia, concienciación… “, y Gutiérrez completa:” La comunidad energética no tiene por qué trabajar solo la energía “.
Son conscientes, y no lo ocultan, de que estos proyectos tienen ciertas limitaciones y obstáculos en el camino que les reducen el impacto y les alargan los plazos. “Las grandes empresas han tenido el poder y la capacidad de generar energía. Ahora, nosotros, poco a poco, podemos conseguir generar nuestra electricidad y nuestra energía. No se nota demasiado en la factura pero es un gran paso adelante “. Jiménez coincide en que “la comercialización eléctrica es un marco muy regulado” y advierte de que el impacto que puede tener una comunidad energética es limitado, pero “sí puede decidir de dónde va a depender el porcentaje de su energía impulsando la instalación”, o pueden impulsar iniciativas para consumir menos, por ejemplo en movilidad. “Potencialmente pueden tener mucho impacto pero queda mucho trabajo por hacer para situar a las comunidades en el centro del sistema energético”, añade.
En cuanto a los obstáculos, señalan los frenos que se producen en los procesos de legalización de iniciativas, que en los mejores casos pueden deberse a la falta de conocimientos técnicos de la administración. Jiménez y Gutiérrez explican que se está trabajando en este ámbito a través de sus entidades y que, a medida que se van acometiendo, se están agilizando los procesos de reconocimiento de la naturaleza jurídica. Gutiérrez añade que “la creación de comunidades energéticas requiere tiempo. Nuestros procesos son largos porque queremos hacerlo bien y empoderar a los miembros de la comunidad para poder seguir después por su cuenta. Hay que conocer los conocimientos administrativos, jurídicos, técnicos y las OCE contribuyen mucho a ello “.
