Si, si si. Llegan las navidades que tras el reciente Black Friday cierran este círculo consumista del año. Aunque la Economía Social y Solidaria es mucho más que visibilizar las opciones de consumo crítico y consciente que ofrecen las entidades y empresas vinculada a la misma, en fechas como estas es importante volver a recordar que consumir es un acto político.

La ESS hace referencia a una economía eminentemente local que se centra en los 6 Principios de la Carta de la ESS: equidad, trabajo, sostenibilidad ecológica, cooperación, ausencia de fines lucrativos y compromiso con el entorno.

Nos guste o no, reflexionemos sobre ello o no, vivimos en una sociedad del consumo, en un capitalismo que primero fue mercantil, luego industrial y ahora global y digital. Ante esta realidad que saquea y contamina el planeta, mantiene a la mayoría de población en situaciones de explotación y pobreza, reproduce privilegios y opresiones como dinámica social y cosifica nuestras propias vidas con lógicas de mercado, politizar el consumo, cuestionarnos nuestro propio consumo sólo es importante, sino que es una herramienta a nuestro alcance que por sus implicaciones y efectos y por su cotidianidad es bastante poderosa.

Pero ¿qué significa politizar el consumo?

Lo primero que es necesario aclarar es que no se trata de poner el peso de la responsabilidad del mercado en las personas de manera individualizada, y sí de en la medida de nuestras posibilidades cuestionarnos qué opciones de consumo queremos y podemos mantener, queremos y podemos revisar, mejorar y cambiar. Un primer paso ineludible es reducir el consumo a lo necesario, huyendo de llamamientos publicitarios que nos empujan a adquirir artículos que no necesitamos, pero también haciendo un ejercicio de autocrítica para poder modificar hábitos que tenemos en mayor o menor medida. Animamos a mejorar nuestro consumo a partir de las tres claves, por orden de importancia: primera reducir nuestro consumo, segundo consumir sin comprar y, en caso de tener una necesidad que implique consumir y no haya alternativas a la compra, comprar con criterio social y ambiental.

Politizar el consumo es una práctica casi tan vieja como el propio capitalismo. El boicot a determinados productos se ha llevado a la práctica de manera documentada antes incluso de que recibiera esta nombre. Pues bien, el consumo consciente, crítico y responsable parte del mismo principio: no permitas que tu dinero termine en manos de quien lleva a cabo actos que te resultan reprobables o no éticos. Si como individuos podemos sumarnos a una acción centrada en el consumo desde una visión colectiva retirando nuestro consumo a determinada marca o producto, también podemos hacer lo mismo dirigiendo el mismo a productos o servicios que sí cumplen con una visión acorde a nuestros ideales.

Politizar el consumo es abogar por un cambio de modelo social y político a favor de la mayoría social. Los distintos retos sociales y ambientales que enfrentamos como sociedad en este siglo XXI pero que se arrastran desde hace mucho tiempo requieren cambios en los sistemas que hasta hace poco considerábamos mucho más estables. El decrecimiento en el consumo material y energético va a ocurrir. Y en este escenario, el modelo de consumo será determinante. Podemos organizarnos o dejar que nos venga impuesto, mediante la doctrina del shock, por las élites económicas.

Si la primera consigna en cuanto al consumo es el decrecimiento, tanto de productos como de energía, la segunda ha de ser la información, conocer las externalidades que nadie paga (derechos laborales e impacto medioambiental fundamentalmente). La tercera sería entonces la búsqueda de coherencia, partiendo siempre de las posibilidades de cada cuál y de la certeza de que la coherencia no puede ser alcanzada de forma absoluta (menos de cinco contradicciones es fundamentalismo). Para ello tratamos de impulsar mediante herramientas locales y colectivas un cambio de hábitos que genere impactos positivos en el entorno. De lo local a lo global, demostrando que nuestro modelo económico alternativo no sólo existe sino que es solvente y que es capaz de reducir las desigualdades en origen, creando un ecosistema que promueve dinámicas en las que proyectos sociales y ambientales transformadores y basados en los principios de la ESS pueden prosperar. Y aquí las administraciones públicas tienen un papel central, que por desgracia no está a la altura de las necesidades sociales ni protegiendo los servicios públicos, ni con una estrategia que priorice a las personas frente a los grandes lobbys capitalistas.

REAS representa una red de entidades y empresas comprometidas social y mediambientalmente, pero también con el entorno, poniendo en valor dinámicas virtuosas que revierten en la sociedad y además aglutinándolas de tal forma que son capaces de retroalimentarse aumentando su poder de transformación social y su impacto. Herramientas como la Auditoria Social y el Mercado Social garantizan que las entidades y empresas miembro responden a lo que se espera de ellas y facilitan el acceso para poder llevar a la práctica un consumo crítico y consciente.

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